En el primero tenía la ansiedad y nervios de lo nuevo, estaba pendiente a cada detalle y desarrollo del embarazo, cada movimiento o molestia nueva. Sentía que las semanas pasaban leeeeeentas y no veía la hora que me saliera la panza y poder sentirlo. Sí tenía sueño… dormía, si tenía antojos… comía, si me dolían las piernas o la espalda me recostaba.

El obstetra tiene un rol fundamental en el embarazo, en mi caso fue indispensable, siempre me transmitió mucha tranquilidad y confianza. Todos los estudios daban bien y así llegamos a la semana 32 donde empecé con unas contracciones y algunas pérdidas, así que estuve en reposo porque aún necesitábamos que el bebé se quede adentro unas semanas más. Pero cuando comenzaba la semana 33, ese mismo día, algo cambió en nuestra rutina diaria, no me despertó con patadas a las 6 am como solía hacer, sentí durante la mañana unas pataditas aisladas, así que estuve muy atenta ese días, comí unos chocolates y me acosté de lado, pero mi bebe estaba muy tranquilo así que esperamos el pedido del super y nos fuimos al sanatorio. Después de tres monitoreos y una ecografía en la guardia, entra mi obstetra vestido con ambo celeste y me dice “mami vamos a tener que sacarlo ahora porque al bebé no le está llegando el suficiente oxígeno” y así fue como sin entender mucho, me cambie y entre al quirófano, las piernas me temblaban y estaba muy nerviosa, mi pareja se estaba cambiando para entrar, me dieron la epidural y en ese momento entró, se quedó sentado al lado de mi cabeza y empezaron con la cesárea, que no duró mucho, habrán pasado 30 minutos y lo escucho llorar, había nacido…

Nació con un peso de 2.319 kg., buen peso para la semana 33, pero igualmente estuvo internado en Neonatología. Esos días fueron difíciles, primero me tocó irme sin él, un 25 de diciembre, ya que yo ya tenía el alta y él aún no. Fue muy duro ese momento, salir de la clínica sin tu bebé, es algo que no te imaginas en un primer embarazo.  Los días siguientes íbamos a las 8 am y nos quedábamos todo el día ahí, para alimentarlo, crear un vínculo y, sacarme leche para dejarle durante la noche; volvíamos a casa sólo para dormir.

Por suerte yo estaba acompañada de mi pareja y mi familia, la mayor parte del tiempo y como éramos sólo nosotros, ya que no teníamos chicos en casa, podíamos dedicarle todo nuestro tiempo a nuestro pequeño guerrero. Es admirable como las madres, pueden resolver y/o acomodarse a distintas situaciones o circunstancias. Esos días conocí muchas MAMÁS, cada una con una historia diferente, mujeres fuertes, que pasaron por distintas situaciones, algunas más difíciles que otras, pero seguían adelantes y al lado de sus hijos. 

Una mañana nos llamaron a casa y por un instante el corazón se nos detuvo, pero ese día después de 3 semanas nos avisaron que fuéramos con la ropa para poder volver a casa. Ese día fue especial, nos encontramos con mi pareja en el ascensor y con el bebé en el huevito y nos miramos como diciendo “ya está! ya pasó… y ahora qué hacemos???” pero así empezamos la otra aventura, los primeros días en casa.